1
Corintios 15:3- Porque primeramente os he enseñado lo que
asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las
Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer
día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y
después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos
a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos
los apóstoles; y al último de todos,
como a un abortivo, me apareció a mí.
1
Corintios 15:12- 18
Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen
algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo
resucitó. Y si Cristo no
resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra
fe. Y somos hallados falsos testigos de
Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no
resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no
resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no
resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también
los que durmieron en Cristo perecieron.
1
Corintios 15:42 Así también es la resurrección de los muertos.
Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en
gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo
espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. Así también está escrito: Fue hecho el primer
hombre Adán alma viviente; el postrer
Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal;
luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo
hombre, que es el Señor, es del cielo.
Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial,
tales también los celestiales. Y así
como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del
celestial. (Revise
el capítulo completo)
2
Corintios 5:6- 10 Así que
vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo,
estamos ausentes del Señor (porque por
fe andamos, no por vista); pero
confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al
Señor. Por tanto procuramos también, o
ausentes o presentes, serle agradables. Porque es necesario que todos nosotros
comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya
hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.
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